Blog invitado: Mi familia, mi viaje y el #MesDeLaSaludMentalBIPOCMental

Por Amanda M. Santiago, embajadora de NAMI Chicago

Mi familia puertorriqueña multigeneracional me llamaba “la tímida”. Evitaba la cámara, los eventos, conocer gente y hablar en público. Había muchas emociones y pensamientos detrás. Miedo. Ansiedad. Pero no tenía palabras para describirlo, y nadie en mi familia hablaba de salud mental. Aunque hubiera intentado tener esa conversación, asumí que no lo entenderían.

Aprendí sobre salud mental por primera vez cuando estudié psicología en la Universidad de Michigan. Empecé a comprender mis propias emociones y comportamientos, que se intensificaban, y pude empezar a abordarlos.

También me encontré hablando cada vez más con otros compañeros BIPOC sobre problemas de salud mental. Las familias de todos evitaban el tema, y ​​se consideraba normal guardar silencio al respecto. Pero quería que esa dinámica cambiara. Era necesario.

Me entusiasmó la idea y cómo podía iniciar ese cambio en mi propia familia. Pero en casa, durante las vacaciones, el sentimiento no siempre era mutuo. Quería compartir mis experiencias y conocimientos, pero algunos familiares no lo aceptaban muy bien. Empecé a escuchar cosas como:

“La salud mental no es real”.

“Trata de no pensar en ello.”

“Amanda, esos pensamientos son malvados”.

“¿Por qué necesitas hablar con un terapeuta si puedes hablar con tu familia gratis?”

Eso último fue lo que más me molestó, especialmente porque acababa de elegir una carrera que no fuera otra que Psicología Clínica.

Así que me gradué y decidí contribuir a un cambio de perspectiva. Empecé a trabajar y a hacer voluntariado por todo Chicago, facilitando conversaciones sobre salud mental con jóvenes y ofreciendo apoyo a personas con problemas de salud física y mental. Dediqué tiempo y conversé personalmente con mi familia, compartiendo y escuchando.

Aprendí que, en mi trabajo de campo, suele ser más fácil tener estas conversaciones con las generaciones más jóvenes que en casa. Pero he visto algunos cambios en mi propia familia. Algunos familiares ahora expresan sus emociones, leen libros de autoayuda e incluso buscan terapia. Otros aún se aferran al estigma.

Hay mucho más trabajo por hacer. A medida que sigo estudiando y aprendiendo, quiero seguir abogando por la atención de salud mental en las comunidades BIPOC que carecen de ella. Quiero crear espacios para que los jóvenes dialoguen sobre salud mental y darles oportunidades de hablar de ello en el aula, algo que yo no tuve. Y quiero que las familias normalicen el hecho de tener y hablar sobre sus emociones. Familias de todos los orígenes, incluido el mío.

ESCRITO POR
Amanda M. Santiago
COMPARTA